Hoy, lunes 20 de julio, el ajedrez deja una lección útil para la Alta Dirección

 

En el marco del Día Mundial del Ajedrez, vale la pena retomar una idea que también aplica al entorno empresarial: las mejores decisiones no se improvisan al final de la partida.

 

En ajedrez, la apertura define la posición, el medio juego revela fortalezas y debilidades, y el final exige disciplina para convertir una ventaja en resultado. En una entidad, la auditoría de estados financieros funciona de forma muy similar.

 

Para la Alta Dirección, esperar al cierre del ejercicio para atender la auditoría suele traducirse en presión innecesaria, ajustes tardíos, búsqueda contrarreloj de documentación y menor margen para corregir desviaciones. En cambio, cuando la auditoría se planea con anticipación, se convierte en una herramienta de control, visibilidad y confianza.

 

La apertura: preparar la auditoría antes de que termine el ejercicio

La auditoría no debería comenzar cuando se solicita la información final. Su verdadero valor empieza antes: cuando la empresa identifica los cambios relevantes del año, revisa los rubros sensibles y organiza la evidencia que respaldará sus cifras.

Desde esta etapa, conviene que la Dirección y el área financiera tengan visibilidad sobre temas como:

 

  • Cambios relevantes en la operación o estructura del negocio;
  • Nuevas líneas de ingresos o contratos significativos;
  • Financiamientos, arrendamientos o reestructuras;
  • Operaciones con partes relacionadas;
  • Provisiones, contingencias o litigios;
  • Estimaciones contables relevantes;
  • Cambios en sistemas, procesos o controles.
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Preparar estos puntos con tiempo permite que la auditoría avance con mayor orden y que las decisiones relevantes no se tomen bajo presión.

 

El medio juego, identificar riesgos antes de que se vuelvan ajustes

Así como en el ajedrez una posición aparentemente estable puede ocultar debilidades, en la información financiera también existen rubros que requieren atención antes del cierre.

 

Algunas áreas que normalmente concentran mayor riesgo son:

 

  • Reconocimiento de ingresos;
  • Cuentas por cobrar y recuperabilidad;
  • Inventarios y obsolescencia;
  • Activos fijos y depreciaciones;
  • Provisiones y contingencias;
  • Impuesto causado e impuesto diferido;
  • Estimaciones contables y deterioros de los activos de larga duración;
  • Controles internos vinculados a sistemas y procesos.

 

Para un CEO, CFO o miembro del Consejo, el punto no es entrar al detalle técnico de cada cuenta, sino entender si la entidad está generando información financiera sólida, consistente y suficientemente soportada para ser auditada sin sobresaltos.

El reloj, en auditoría el tiempo también juega

En ajedrez, incluso una buena posición puede perderse por tiempo. En auditoría, algo parecido ocurre cuando la entidad cuenta con operaciones válidas, pero no tiene lista la documentación que las respalda.

 

No basta con que una cifra esté registrada, debe ser posible demostrar:

 

  • Qué la originó;
  • Bajo qué criterio se reconoció;
  • Quién la autorizó;
  • Qué evidencia la soporta;
  • Cómo se relaciona con los controles internos de la empresa;
  • Quien llevo a cabo el registro.

Cuando esta preparación se deja para el final, la carga recae simultáneamente sobre finanzas, contabilidad, fiscal, legal, operaciones y, en muchos casos, tecnología. El resultado suele ser el mismo: cierres tensos, requerimientos de última hora y menor capacidad de reacción.

 

El final: convertir la preparación en confianza

La auditoría de estados financieros no debe verse únicamente como un requisito de cumplimiento. Bien conducida, también ayuda a fortalecer la confianza en la información con la que la entidad toma decisiones y reporta resultados.

 

Para la Alta Dirección, una auditoría preparada oportunamente puede aportar valor en varios frentes:

 

  • Mayor disciplina en el cierre financiero;
  • Mejor trazabilidad de la información;
  • Detección temprana de inconsistencias;
  • Mejor comunicación con accionistas y Consejo;
  • Mayor soporte ante bancos, inversionistas y terceros;
  • Mejor preparación para procesos de crecimiento, financiamiento o reestructura.

En otras palabras, no se trata solo de “salir bien” en la auditoría, sino de llegar al cierre con una posición más fuerte.

¿Qué debe revisar la entidad desde ahora?

En esta temporada, conviene que la Dirección revise si:

 

  • Los cierres mensuales y conciliaciones se están realizando oportunamente.
  • Las políticas contables relevantes están actualizadas y documentadas.
  • Las operaciones inusuales del año tienen soporte suficiente.
  • Existen contingencias fiscales, legales o laborales que deban reconocerse o revelarse.
  • Los rubros críticos ya fueron identificados para revisión anticipada.
  • Hay responsables definidos para atender requerimientos de auditoría.
  • La información financiera puede sostenerse con evidencia clara y ordenada.
  • El Consejo o los órganos de gobierno tienen visibilidad sobre temas relevantes del cierre.

 

Conclusión

Hoy, lunes 20 de julio, Día Mundial del Ajedrez, es un buen recordatorio de que las partidas más importantes no se ganan en la última jugada, sino en la preparación que la precede.

 

En la auditoría de estados financieros sucede lo mismo, la diferencia entre un cierre ordenado y uno presionado suele estar en la anticipación con la que la entidad identifica riesgos, organiza evidencia y fortalece su información financiera.

 

En BHR México, acompañamos a las entidades en sus procesos de auditoría de estados financieros, con un enfoque orientado a la oportunidad, la claridad y la confianza que la Alta Dirección necesita para tomar decisiones.

José Luis Zamora

Socio – CDMX

dn@bhrmx.com

 

20 de julio de 2026