Durante las últimas semanas, distintos casos relacionados con casinos, construcción, operaciones inmobiliarias, préstamos, casas de cambio, entretenimiento y carreras de caballos han evidenciado una realidad que no puede pasar desapercibida: las empresas privadas también pueden formar parte de investigaciones y esquemas relacionados con el lavado de dinero.
En algunos de estos casos, las autoridades han identificado redes en las que participan personas físicas y morales de distintos sectores, utilizando empresas, operaciones comerciales, bienes y estructuras corporativas que, individualmente, pueden parecer legítimas.
Esto no significa que una empresa privada o una Actividad Vulnerable implique, por sí misma, la existencia de una operación ilícita. El verdadero reto está en identificar cuándo una operación legítima puede presentar señales de alerta y contar con controles capaces de detectarlas oportunamente.
Los casos recientes permiten observar cómo el riesgo puede aparecer detrás de diferentes actividades económicas y cómo el análisis puede ir más allá de una operación aislada para considerar personas, empresas, beneficiarios controladores, operaciones, recursos y relaciones comerciales.
El riesgo no siempre se presenta de la misma forma
Las Actividades Vulnerables previstas en el artículo 17 de la LFPIORPI abarcan diversos sectores y operaciones en los que, por sus características, resulta necesario contar con medidas que permitan identificar adecuadamente a los clientes y usuarios, conocer a quienes participan en las operaciones y conservar información suficiente para dar seguimiento a las mismas.
En materia de préstamos y financiamiento, el riesgo puede encontrarse en operaciones que, aun contando con contratos y documentación aparentemente formal, requieren analizar la congruencia entre las partes involucradas, el monto, la finalidad de la operación y los recursos utilizados, así como un monitoreo constante de las operaciones.
Las investigaciones relacionadas con las empresas antes citadas, ponen sobre la mesa el riesgo asociado con dichas actividades y determinadas características de estas transacciones que pueden requerir una revisión más profunda cuando existen terceros, estructuras corporativas o comportamientos que no corresponden con el perfil conocido.
Muestran la importancia de conocer el origen de los recursos, las partes que intervienen y las relaciones que existen detrás de una operación, es decir, muestran la importancia de mantener una adecuada trazabilidad de los recursos, ya que puede resultar determinante para identificar señales que, de manera aislada, podrían pasar inadvertidas.
¿Estamos realmente preparados?
Los casos recientes son un recordatorio de que el riesgo puede evolucionar más rápido que los controles de una organización.
Una empresa puede tener políticas, procedimientos, expedientes y sistemas; sin embargo, si estos elementos no se encuentran actualizados, conectados y alineados con las operaciones que realmente realiza, pueden existir brechas que permanezcan ocultas hasta que una revisión las haga evidentes.
Por eso, resulta importante evaluar periódicamente si los controles implementados son consistentes con las actividades de la organización y con los riesgos a los que realmente está expuesta.
Un diagnóstico en materia de PLD permite identificar brechas, evaluar la efectividad de los controles y determinar oportunidades de mejora antes de que una deficiencia pueda convertirse en una contingencia.
Melissa Magallón
Gerente de Prevención de Lavado de Dinero
28 de octubre de 2026
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